En 32 años de historia, muchos hombres han pasado por la Liga Villamariense de Baby Fútbol.
En ese largo camino, hubo muchos aciertos y también muchos errores.
Es que es imposible imaginarse la perfección en el ser humano.
Pero en algo hay que tener mucho cuidado, eso sí: y es que hay que manejarse con un altísimo grado de responsabilidad cuando los hombres encargados de dirigir o conducir un organismo, tienen una directa relación con la niñez.
Esos hombres deben tener clavado el ejemplo en sus mentes y en sus acciones, con los paralelos aciertos y errores.
Pues bien, en esta Liga Villamariense de Baby Fútbol de hoy se ha cometido un grave error por parte de su mismísimo presidente, y finalmente debió irse.
Hugo Marqués se equivocó, tal vez abusando de su autoridad o por inexperiencia, recibiendo un pedido de renuncia de los delegados de los clubes que no pudo eludir.
No hacía mucho que Marqués había asumido la titularidad de la Liga. Su gestión duró poco y al ejemplo debieron aplicárselo quienes lo secundaban.
El renunciante presidente anotó fuera de término y unilateralmente a un jugador de baby para un club, una actitud muy lejana a los reglamentos y a la historia de la entidad.
Y ese error le costó nada menos que el cargo.
Acaso Marqués a esta hora esté reflexionando. Acaso su renuncia sirva para aquellos que lo sucedan en la presidencia, para saber que una entidad con comisión Directiva y cuerpo de delegados debe funcionar orgánicamente.
La Liga de Baby está en crisis y la última semana produjo una ebullición dirigencial, producto de una desacertada decisión, inconsulta claro, de uno de sus tantos hombres: nada menos que su propio presidente.
El hecho, claro está, tratará de ser un episodio rápidamente olvidable para quien tendrá de ahora en más la responsabilidad de ser titular y para el mismo presidente renunciante, si es que quiere seguir ligado o volver a esta noble actividad como es el fútbol infantil, que requiere de hombres pensantes, serenos, seguros y honestos. Porque así debe ser cuando en el medio de cada gestión están los niños.
Para ambas partes, este mal ejemplo estará siempre latente. Para que la historia no se repita nunca más.
De esta manera, la Liga Villamariense de Baby Fútbol le seguirá siendo fiel a su larga historia de dirigentes que en sus trayectorias no se apartaron de la meta fijada: trabajar por el bien de los chicos, alejados de caprichos o decisiones unipersonales y absolutistas.
Hubo un error y fue subsanado de manera orgánica y correcta. Fue reparado. Ahora queda por retomar el camino de la normalidad y los claros objetivos. No los oscuros entretelones.
Por el bien del baby, por el bien de los hombres, por el bien de las familias y, por sobre todas las cosas, por el bien de los chicos.
SEMILLERO
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