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| Elba Peralta muestra los pulgares mientras cuenta que se los ataron con precintos de plástico |
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Dos sujetos, al menos uno de ellos armado y a cara descubierta, irrumpieron en el domicilio del matrimonio compuesto por Elba Peralta (58), y Carlos Alberto Colombo (55), ubicado en Estados Unidos 520, los sorprendieron mientras dormían, los maniataron y sustrajeron una importante suma de dinero (alrededor de 3 mil pesos), alhajas, celulares y prendas de vestir deportivas.
Elba Peralta es propietaria de un hogar geriátrico ubicado en la esquina de Estados Unidos y Salta, en tanto que su esposo, Carlos Alberto Colombo es chofer de la empresa Radio Taxi.
En primera persona
Peralta narró a EL DIARIO los pormenores del atraco, ocurrido entre las 3.30 y las 4 de la madrugada de ayer.
“Entraron por la puerta del frente, sin hacer el menor ruido. Habíamos dejado la llave puesta y la hicieron girar de alguna forma. Prendieron las luces y nos despertaron. Uno de ellos nos apuntó y poniéndose un dedo en la boca nos hizo seña de que guardáramos silencio”, contó la mujer.
“Arriba, dormían mi hijo y su familia, y no escucharon nada. Fueron muy sigilosos y silenciosos. Revolvieron toda la casa y nadie escuchó nada”, detalló Peralta.
“Nos dijeron que nos pusiéramos boca abajo en la cama y nos ataron los pulgares con precintos de plástico negro. Dijeron que no habláramos y nos ataron las bocas con una funda. Se pusieron a buscar el dinero”, contó la víctima.
El botín
“Afortunadamente, no nos hicieron nada, creo que porque encontraron el dinero enseguida. Mi esposo tenía 1.200 pesos en la billetera en el bolsillo del pantalón. Lo demás, también lo encontraron fácilmente (en total se llevaron alrededor de 3 mil pesos en efectivo), dos cámaras fotográficas, siete relojes, algunas alhajas (alianzas, cadenitas, pulseras de oro), dos teléfonos celulares y ropa deportiva de mi marido”, relató Peralta.
“Pero debo decir que nos trataron con suavidad. En un momento, les dije que no daba más, que me dolía, me tomó suavemente por los hombros y me colocó en otra posición. Después se fueron. Miré el reloj de la pared y eran las 4. Dejaron todo prendido y cerraron con dos vueltas de llave. Se llevaron también la llave. Cuando se fueron, por señas le pedí a mi esposo que me quitara la mordaza con la boca. Cuando pudimos, empezamos a gritar. Mi hijo se despertó y bajó. No habían escuchado nada”, concluyó su relató la mujer asaltada.
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