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| El médico psiquiatra y psicoanalista se definió como garantista. Cree que hay un avance en la conciencia social respecto a proteger a la infancia y a la adolescencia |
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Un día después de exponer en el auditorio de la Medioteca Mariano Moreno, el especialista (de reconocimiento internacional) Rubén Efrón concedió a EL DIARIO una extensa entrevista, realizada en la casa familiar de Elvio Toscano (presidente de la delegación departamental de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos) en el mediodía de ayer.
El primer tema que se puso sobre la mesa fue lo ocurrido el viernes en la puerta de una escuela secundaria de Villa María: un joven apuñaló a otro en medio de una discusión. También se le contó a Efrón que, hace tres semanas, funcionarios públicos colocaron en el tapete el alcoholismo en los jóvenes, que se pone en evidencia a la salida de los boliches villanovenses.
“Hay que ver cuál es el lugar de los jóvenes en la sociedad. Aparece la dicotomía de ser violentos y violentados. Hay que ser cuidadosos con los planteos, equilibrados a la hora de hablar de ellos. Lo que usted me cuenta ocurre realmente y hay un cierto incremento, probablemente, de estos episodios. Pero habrá que pensar cuál es la violencia contra los jóvenes”, expresó.
- El director (Henry Calvo) del colegio en cuyas inmediaciones se registró este episodio habló de la problemática de la violencia y llamó a conversar y atender esta realidad...
- Me parece fabulosa su actitud. Hay que hacer circular esta palabra, violencia. Hay que hablar del tema y que dejen de ser demonizados los chicos. Usted me planteó dos cuadros y en un caso está el director de escuela como herramienta, pero el otro, el de los boliches, es más difícil de resolver. Resalto la postura sabia y democrática del director. Yo suelo llamar a considerar la idea de pensar en los orígenes de la violencia.
- El año pasado, un especialista que disertó en la ciudad se preguntó por qué valdría la vida de una víctima del ataque de un menor que delinque y no la vida del delincuente, que quedó fuera del sistema y del que a nadie le importa...
- Claro. El problema de los chicos infractores de la ley es gravísimo. No se trata de transformar en ídolos a los que delinquen sino en hacer hincapié en las condiciones sociales que los llevan a cometer esos actos, en buscar los porqués.
- ¿Qué efecto tendría la mano dura en el delito?
- Mire, primero quiero rescatar dos componentes. Uno es el ideológico. Hay quienes estamos totalmente en contra de la mano dura, porque somos garantistas. Pero, por otro lado, hay que decir algo que tiene que ver con una mentira. Algunos de los partidarios de la mano dura dicen que los que delinquen entran por una puerta (a la cárcel) y salen por la otra, lo que es mentira, porque del dispositivo represivo jurídico no salen más, todo lo contrario. Salen desde el punto de vista formal, pero la privación de la libertad tiene un efecto de aniquilamiento subjetivo. No hay recuperación. Más penas, más cárcel, no es ninguna solución.
- ¿Qué papel cumple, entonces, el sistema penitenciario?
- El penal debería ser la última instancia.
- ¿Qué análisis realiza sobre los institutos de menores?
- Se denominan institutos y es un eufemismo porque son verdaderas cárceles. No cumplen su objetivo, son fábricas de delincuentes.
Fui consultor de Unicef y, centrado en la infancia, analicé el regimen de máxima seguridad. A este se puede ingresar por dos caminos: chicos que cometen delitos graves y son capturados in fraganti, por lo que el juez decide enviarlo a este instituto, y por otra parte, quienes llegan al mismo por una acumulación de sanciones en institutos abiertos. Cuando realicé la investigación, se observó que el 70% de quienes estaban allí era por acumulación de delitos, lo que revela el fracaso del sistema, que no consiguió reinsertarlos correctamente, sino que reincidieron. No me gustan las estadísticas pero a esta la expongo porque es contundente. Es una perversión.
- ¿Cómo se soluciona, sin cárceles, esta situación de delincuencia, inseguridad, injusticia?
- No quiero ser meramente declarativo, pero esta es una sociedad injusta, inequitativa. La solución, entonces, pasa por una sociedad más justa y equitativa. Mientras, hay soluciones parciales que tienen que ver con la idea de evitar medidas que tienden al encierro. Hay decisiones alternativas a eso, por ejemplo, programas de libertad asistida. Hay muchas opciones en lugar del encierro y que se pueden implementar de manera inmediata. Le doy un dato, siempre referido a la niñez: de quienes están bajo un regimen de privación absoluta, si se aplicaran otros dispositivos quedarían no más del 10% en esos ámbitos de encierro. No más del 10%.
- Habida cuenta de que algunos sectores de la sociedad son partidarios de endurecer las penas ¿cree que habría consenso social al menos de una parte importante de la población, porcentualmente hablando, para que exista mano dura?
- (Piensa) Creo que hay un avance en la conciencia de la gente en cuanto a la importancia de tener una protección de la infancia y la adolescencia. No obstante, en el imaginario social, la concepción punitiva tiene mucho peso. El de la mano dura es un discurso que penetró mucho en la población, pero hay muchos avances en el otro sentido.
- En su exposición del viernes se refirió especialmente al paco. ¿Qué reflexión le merece la penetración de la droga?
- Es uno de los problemas más graves que existen. El consumo de paco es de enorme gravedad y es diferente a todo, porque no es una droga, es un veneno. Destruye fisícamente. En 2009, un sobrecito de paco costaba 50 centavos, lo que denota la accesibilidad de sectores populares, que es donde más circula. Es muy adictivo, y en eso sí es droga, y tiene efecto inmediato. Es un veneno.
- ¿Qué hace el Estado para combatir esto?
- Hay algunas experiencias en ese sentido, se hacen cosas, hay programas.
- ¿Es optimista respecto al futuro de la Argentina, en referencia a estos flagelos y a las cuestiones que golpean a la juventud?
- Sí. Cada vez hay más gente que tiene conciencia de que tiene que darse una transformación.
- ¿Le gustan las políticas de los Kirchner, que aparecen como quienes llevan las banderas de los derechos humanos?
- Algunas cosas me gustan y otras no. Pero no son los Kirchner quienes llevan la bandera de los derechos humanos. La llevamos nosotros, los organismos. La concepción de los derechos de Argentina es un honor que se siente en todo el mundo, y a esa bandera la llevamos los organismos. Y ojo, no soy antikirchnerista ni me estoy tirando contra el Gobierno.
Diego Bengoa
Fotos: Osvaldo Carballo
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