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| Fuerza Bruta desplegó la escena “La Argentina” con su grúa giratoria de ocho metros de largo - El elenco Quijotadas recordó la visita de Perón y Evita a nuestra ciudad |
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Todo desfile oficial es la construcción simbólica de un relato. De cómo una comunidad, sus autoridades y sus fuerzas vivas recuperan y exaltan los valores que la identifican, a la vez que recuerdan los hechos más significativos de su historia.
La particular organización de esa mirada sobre el pasado y el presente, se exhibió ayer por la tarde en la ceremonia postergada del 143º aniversario de nuestra ciudad.
Por primera vez, el municipio intentó desplegar un evento que contemplara no sólo las instituciones cívicas y militares sino que además le añadió un condimento artístico, con mayores licencias a la hora de abordar la historia. Como otro dato distintivo, el desfile contó no sólo con las manifestaciones celebratorias de nuestra ciudad, sino también con aquello que se vincula con lo dramático en tono actual: por ejemplo, el paso de la fundación Ambrosio Battistel “Estrellas amarillas” (a cargo de familiares de personas fallecidas en accidentes).
La presencia institucional y de organizaciones sociales también fue extensiva. Desde entidades escolares y deportivas, pasando por colectividades, centros vecinales, copas de leche, scouts, agrupaciones folclóricas hasta entes intermedios del sector oficial (Consejos de Adultos Mayores, de Niños, de Discapacidad, Centro Enrique Elissalde, etcétera).
Entre los cuerpos comunales también se hallaban los microemprendedores y las cooperativas barriales que desfilaron con un camión de tierra con plantines, aludiendo a una de las tantas ramas que han desarrollado bajo la órbita municipal.
La gran Bandera con alumnos
Otro pasaje singular dentro del desfile “cumpleañero” resultó la entrada de una Bandera argentina de 600 metros, la misma que se utilizara para los festejos del Bicentenario en Capital Federal. Aunque originalmente iba ser sostenida por mil voluntarios, la enseña patria fue portada mayoritariamente por establecimientos educativos secundarios.
Dentro de dichas entidades también se incluyó la Escuela República de Bolivia de Villa Nueva, única participación de la vecina ciudad en el desfile.
Uno de los aplausos más rotundos de la tarde correspondió al paso de los Veteranos de Guerra. Similar recibimiento tuvo la Fanfarria Alto Perú del Regimiento de Granaderos de José de San Martín, el elenco militar que ilustró musicalmente toda la jornada, desde su inicio con la “Marcha de San Lorenzo”, hasta el paso de los autos antiguos, los bomberos voluntarios y sus unidades junto a la Policía provincial.
El conjunto, cuyos integrantes se hallaban emperifollados con pecheras, hombreras, botas largas y viseras, interpretó marchas castrenses. Vale recordar que el lunes había actuado por la tarde en el Teatro Verdi, junto a la Escuela de Suboficiales de Gerdarmería con asiento en Jesús María, brindando una función gratuita y de música popular.
Los orígenes, las pestes y Gardel
Respecto a la faz artística, la ceremonia se subdividió en cuatro partes, correspondientes a los respectivos elencos teatrales y de danza de nuestra ciudad.
La escuela de La Panadería abarcó el primer segmento, de 1860 a 1910, con los orígenes de la ciudad y la fundación a cargo de Manuel Ocampo.
Luego recordó la llegada de los inmigrantes, el trabajo en el campo, los primeros docentes (Juárez y Peralta), la primera iglesia y el paso del tranvía -o tranway- a caballo, cuya estructura de color verde decoró la puesta en escena con pasajeros que saludaban desde dentro.
Al perfil de crecimiento se opusieron las diferentes fiebres y pestes que azotaron a la ciudad a fines del Siglo XIX y principios del XX, representadas por “parcas” con guadañas maléficas. El primer cuadro, relatado en vivo por la directora Marta Mansutti, finalizó con la creación -en medio de las epidemias- de la primera biblioteca llamada “Amigos del progreso”. Su cierre contó con el lanzamiento de papelitos de colores a cargo de zancudos.
Acto seguido, en un despliegue más acotado pero consistente, la academia Pasional Tango de Yanina Zanellatto abordó la década del ‘20 y ‘30, con un perfil más anecdótico. Luego de recordar el primer colectivo que unía a las dos Villas, la construcción del Palace Hotel y el ciclón del ‘28, el elenco -vestido de época se detuvo- se detuvo en la visita de Gardel en 1933.
El “Zorzal criollo” se alojó en el Palace Hotel, actuó en el Teatro Capitol (actual Verdi) y luego salió a cantar con aquellos que no habían podido ingresar.
Recuerdo de desaparecidos
El tercer período, del ‘40 al ‘70 fue encargado a la Asociación Civil Quijotadas. El nutrido y joven grupo actoral recordó al principio las visitas de Perón, Evita y el gobernador Sabattini, al igual que la creación de la Federación Obrera en nuestra ciudad en 1946. Con cortinas musicales de época, los “quijotes” vinculaban una década con la siguiente. Del tango “Te acordás hermano” de Julio Sosa pasaron a un rock y twist de los ‘60, donde florecieron las polleras a lunares y se comenzaron a repartir rosas ante el público. En el medio, la recreación del recordado león Carlón y la campaña de prevención contra la poliomielitis con dosis de vacuna envueltas en terroncitos de azúcar.
El tramo final del elenco comprendió una alusión al Festival de Peñas, la muerte del gran educador Antonio Sobral y la aparición de la televisión. El último acto resultó una intensa pintura de los dolorosos años setenta, con la presencia de las madres sosteniendo los carteles de los desaparecidos villamarienses en oposición a los militares.
Fuerza Bruta y los héroes locales
El final del bloque coreográfico e interpretativo contó con la esperada actuación de Fuerza Bruta, que ingresó incluso antes del Elenco Municipal de Teatro (EMT), que debía ilustrar las últimas décadas de nuestra historia.
La reconocida estructura de la escena “La Argentina”, que formara parte del gran y celebrado desfile del Bicentenario en Buenos Aires, comenzó a transitar las seis cuadras disponibles, desde calle Mendoza a San Juan por avenida Yrigoyen, con la grúa de ocho metros de largo, sosteniendo una jovial actriz que representaba nuestra identidad nacional.
Su amplia sonrisa y los movimientos giratorios en altura, se mixturaban con los papelitos de colores blanco y celeste que se disparaban desde los costados. Detrás de su carroza, se encontraba el conjunto de músicos locales formados ad hoc y vestidos a la época colonial, ejecutando instrumentos autóctonos y tradicionales como aerófonos, bombos y guitarras.
El cierre, contó con el paso del Elenco Municipal, ilustrado por la voz en off de su director Walter Staüble (también responsable de las voces de Pasional Tango). A diferencia de los demás grupos, que representaron sus cuadros bien frente al palco de autoridades, el EMT lo montó un par de metros antes. Allí inició una seguidilla de acontecimientos históricos y políticos como Malvinas y el recuerdo de nuestros soldados caídos, la vuelta de la democracia (con una marioneta de Alfonsín), la conquista del campeonato de boxeo de Gustavo Ballas y la muerte del servidor público “El Mula” Mulinetti y del padre Hugo Salvato. En ese raid simbólico, se colaron los años noventa con carteles de “vende patria” y el “corralito’ de 2001, junto a la construcción de la Universidad Nacional y las obras de infraestructura contemporánea. Como hecho anecdótico, hasta se rememoró el 9 de julio de 2007, cuando nevara en la ciudad luego de varias décadas.
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