Escribe: El Peregrino Impertinente
El chiste es efectivo en todos los sentidos: la familia completa baja de un avión que reza “Aerolíneas Escocesas”. Afuera hay un sol espléndido y el nene, mirando extrañado a la esfera de fuego, le pregunta a su madre: “Mamá, ¿qué es aquella bola gigante y resplandeciente que ilumina el cielo?”.
Pobres británicos: en el Reino Unido, los rayos solares brillan, pero por su ausencia.
La mayor parte del año, las nubes copan la parada, convirtiendo al gris en el color predominante.
No en vano los nombres de mujer más populares son Grisel, Griselda y Gristina Fernández de Kirchner.
Cosa compleja vivir sin la presencia del astro amarillo. Y no hablamos de Bart Simpson ni de un cantante pop chino, sino de esa cosa llameante que los egipcios confundían con Dios y los daltónicos con la luna.
Imagínese a los desdichados ingleses, teniendo que pasarse las horas carentes de luz solar.
Una ausencia importante, que no sólo complica los pensamientos positivos y felices, sino también los más simples actos de la vida cotidiana, como secar los calzones o matar hormigas con una lupa.
De sólo imaginar tan sombrío escenario, a uno se le pone la piel de gallina.
Y es mirándonos la piel que deducimos por qué los habitantes de las islas del norte son así de blancos.
La observación también nos sirve para comprender que personajes de la política británica como Margaret Thatcher, la reina Isabel o Tony Blair no eran vampiros, a pesar de la palidez de sus rostros, los diabólicos colmillos, el corazón gélido, la mirada letal, el espíritu despiadado y la obsesión por chupar sangre.
Bien vale la información, entonces, para quien esté pensando en viajar hacia aquellas latitudes.
Sabrá ahora que en vano resulta cargar la valija con bronceadores, sombrillas o gorras.
Mejor ocupar ese espacio con un libro de autoayuda y antidepresivos, muchos antidepresivos.
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