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| “Arenales, un pueblo bajo el mar”, alude a una generación perdida en Argentina |
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Ayer finalizaron las jornadas -iniciadas el lunes- del taller y puesta en escena de la obra "Arenales, un pueblo bajo el mar", en el hall de la Medioteca Municipal Mariano Moreno.
Se trataba de un proyecto teatral elaborado por la cátedra de Actuación IV del Departamento de Artes Dramáticas del Instituto Universitario Nacional de Artes (IUNA), en una de sus actividades de extensión.
La visita del numeroso elenco de estudiantes, coordinados por los directores y dramaturgos Sergio Sabater y Ana Rodríguez Arana, se enmarcó en la apertura de un ciclo de trabajo esgrimido por la docente Alicia Muxó y la Secretaría de Bienestar de la UNVM, denominado Artífice 11.
La obra en cuestión componía una alegoría sobre los desaparecidos en alusión metafórica a la devastación de todo un pueblo, eliminado de la faz de la tierra por una ola gigante (un tsunami, dirán luego los directores). En el final, resonaba como un eco tremebundo la frase “los cuerpos ausentes, las tumbas vacías”.
La puesta, con cierta dinámica redundante e innecesariamente explicativa sobre el núcleo del mensaje, contó con secuencias de desempeño individual de cada intérprete (17 en escena, impecables desde lo técnico) y una articulación particular con la trama, atravesados por un destacado trabajo lumínico (sobre todo al momento de representar la ola) y sonoro (con música en vivo, con pianista y banda inclusive).
Tras la función, Sabater y Rodríguez Arana comentaron el proceso de creación, que demandara un año de trabajo en 2009. Señalaron que las indagaciones sobre diversas dimensiones teatrales (espacio, improvisación, construcción de personajes, manipulación de objetos como prótesis del personaje), surgió el proyecto orientado hacia "una dramaturgia del actor y del director, donde lo importante es el proceso". "Aquí no partimos desde un texto de autor sino que la textualidad se va tramando de a poco", señaló la dramaturga.
"Los personajes, en este caso, son como astillas del estallido de la concepción clásica de su construcción, identidades fragmentarias pero permanentes", agregó.
Por su parte, Sabater precisó que, además de las historias creadas por los estudiantes sobre cada rol en particular, el espectáculo se basa en dos textos fundamentales que sirvieron de puntapié inicial: "Navío night", de Marguerite Duras, y "El río sin orillas", de Juan José Saer.
Juan Ramón Seia
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