De tener un panorama favorable en la previa del partido, Alumni pasó a caer nuevamente en zona de riesgo por el descenso. Y el motivo no es más que lo que se repite en este campeonato: no sabe ganar de local, le embocan una vez y defrauda ante su gente.
Lo de ayer, en el 0-1 ante Juventud Antoniana, se acentuó, fue más crítico porque el equipo villamariense jugó realmente pésimo, sin sorpresa en ataque, sin profundidad en su pases, sin generación de juego ni agresividad.
En otras oportunidades supo lamentarse de las situaciones fallidas. Esta vez ni siquiera pudo contabilizar más de tres ocasiones ante un equipo que mordió en todos los sectores de la cancha porque siempre supo que se jugaba gran parte de su futuro. Encima, el entrenador José Manuel Vázquez recién cambió cuando fue perdiendo, en búsqueda de sumar gente arriba, ante la pasividad ofensiva que tiene su equipo.
Desbordado en los primeros minutos, cuando Cristian Badaracco tuvo dos remates desviados (derechazo al lado del palo y luego cabezazo alto), Alumni logró recomponerse en la mitad de la cancha después de los 15 minutos, pero eso no alcanzó para generar algo bueno, más que tener la pelota en el centro y hacerla circular sin avanzar con criterio hacia el arco contrario.
Insinuaba un poco con la movilidad de Víctor Rena o el adelantamiento de David Altuna, pero nada más. El propio Rena estuvo errático, Carlos Herrera no entró en escena como se esperaba y Juan Aimar jugó muy lejos de lo que había mostrado en los partidos anteriores. Entonces, había que esperar una vocación ofensiva mayor desde los otros protagonistas. Y la espera fue inútil.
Alumni osciló entre sus propias limitaciones y el orden del rival, que cortaba los circuitos con volantes aguerridos y trataba de ubicarse lejos de su arco.
La ausencia de Mariano Aldeoca y la posterior lesión de Hugo Yocca, a los 26 minutos, dejaron al local con ciertos problemas en el sector derecho del mediocampo, algo que Vázquez quiso arreglar con el ingreso de otro volante central (Federico Silvestre).
El caso es que Alumni se tornó tan predecible como insulso, no supo qué hacer con la pelota, dependió demasiado de la inspiración individual (que ayer escaseó) de sus atacantes y eso fue lo más preocupante.
Juventud Antoniana le dio una lección con las subidas de Germán Noce, un marcador de punta, quien precisamente envió el centro para el gol de Diego Gottardi (un volante), a los 45 minutos.
En búsqueda de modificar el panorama, Vázquez mandó a la cancha a un delantero más (Emiliano López) para el segundo tiempo, y dejó a tres hombres atrás por la salida de Ezequiel Campos. Luego se la jugó con el ingreso de Diego Torres (un enganche) por Altuna. Sin embargo, por esos instantes, Juventud Antoniana ya sabía que lo mejor era armar dos líneas de cuatro atrás, defender con garra y dejar pasar los minutos.
Alumni penetró una línea defensiva de Antoniana, pero luego murió en el intento, a excepción de una acción individual de López que, tras el centro, terminó conjurando la defensa salteña. Y esa carencia de emociones puso de los pelos a los hinchas, que soltaron su bronca con cánticos de protesta y tuvieron su punto de ebullición cuando se detuvo el partido durante un lapso de 5 minutos porque algunos (en su mayoría pibes) no se bajaban del alambrado.
La imagen sólo provocó la confianza de Juventud Antoniana, cuyos simpatizantes habían comenzado el partido colgando las banderas al revés, en símbolo de queja por la falta de entradas a favor.
Lo cierto es que Juventud se abroqueló en el fondo y no pasó sofocones, salvo un tiro alejado de Torres que hizo lucir al arquero Angel Pedroso.
El visitante, previo a ello, tuvo una situación nítida en los pies de Carlos Keossian, pero el portero Emir Basabe la sacó en la línea y de manera increíble.
Lo demás fue todo nervios y desesperación, algunos toques cortos sin trascendencia y otros pelotazos para los delanteros. Un partido malo en una tarde olvidable. Una derrota más en una “Placita” desahuciada.
La figura
Dentro de un partido mal jugado, el lateral Germán Noce fue lo mejor por su correcta labor para clausurar su zona y el criterio para mandarse al ataque, aspecto que le permitió enviar un buen centro para el gol salteño.
El árbitro
El pergaminense Marcos Bocci no necesitó mostrar tarjetas para llevar el control del encuentro, pero igual cometió algunos errores porque no contó con una acertada tarea de sus asistentes y por momentos estuvo mal ubicado en la cancha.