Escribe: Jesús Chirino
Sin dudas que el pasado es lo que queda atrás en el tiempo, pero no sin dejar huellas que podemos buscar para conectarnos con aquello que sucedió en otra época. La noche del miércoles 17 de octubre, en el antiguo edificio del Hotel de los Hacendados que fuera de la Sociedad Rural de Córdoba, Sergio Alonso lo demostró una vez más. En ese lugar donde actualmente funciona el Archivo Histórico Municipal, se realizó una nueva presentación del libro “Historia de las bandas de música en Villa María. La música desde los inicios de la ciudad”.
Reconstrucción de sonidos
En penumbras. Con sólo una pequeña luz, suficiente para leer las partituras, y una gran pantalla con imágenes de una Villa María de épocas pasadas, se armó el escenario para que el público pudiera disfrutar de la ejecución de piezas musicales de antiguas bandas de música de esta ciudad. El trabajo para producir esa magia estuvo a cargo de un grupo de capacitados artistas integrado por Cecilia Arece en saxo tenor, Mauro Sánchez en saxo alto, Mauricio Alonso en saxo barítono y el propio Sergio Alonso con saxo soprano.
Ingresar al restaurado edificio, dejarse invadir por esa música, ver en la pantalla las calles de la ciudad hace más de ochenta años, fue sentir un vínculo más profundo con las raíces villamarienses. El trabajo de Alonso tiene varias aristas para destacar y una de ellas es la reconstrucción de los sonidos de una época. Ha podido desarrollar una tarea a partir de los arreglos musicales realizados por los directores de algunas formaciones de la banda municipal. Eso hace que al sonar las piezas que ejecuta Alonso y compañía puede escucharse algo muy similar a lo que sonaba a principio de siglo, cuando aún no existían en la ciudad dispositivos técnicos para capturar el sonido. Parte de ese trabajo ha podido ser realizado gracias a la generosa donación que supo hacer al Archivo Histórico Municipal la señora Pierina Molina, nieta del trompetista Ramón Molina. Esta mujer dejó, para todos los villamarienses, partituras que ejecutó la banda bajo la dirección de Victorio Baccari.
Este original rescate de Alonso, insisto, que sólo podía ser realizado por un músico sumamente interesado por la historia, es de gran relevancia para el registro histórico de la ciudad. Trabajó con las mismas partituras en las cuales el director Baccari, como parte de su actividad laboral, realizó los arreglos para cada instrumento de esa formación musical.
El libro
La publicación presentada pertenece a la editorial de la Universidad Nacional de Villa María y se inicia con una nota que el músico Manuel Bonet dirigió al presidente del Consejo Ejecutivo del municipio en 1879, años antes que Villa María tuviera su propia administración municipal. En esa carta Bonet señala “la mucha necesidad que hay de una banda de música, tanto en Villa María como en Villa Nueva”, también dice que “la música hace una notable falta”, agregando que “no hay pueblo ilustrado que no tenga una pequeña banda subvencionada por la Municipalidad…”. El músico logra formar la banda y parece ser que esa formación utilizó los instrumentos de la banda militar existente en Villa Nueva.
Desde aquellos años y por mucho tiempo las bandas tocaron en espacios públicos. Allí desarrollaban sus conocidas retretas durante las cuales ejecutaban piezas musicales representativas de las culturas de los inmigrantes. Así sonaban pasodobles, marchas, áreas de ópera y música italiana. Luego llegarían las milongas y el tango. Esa era la música que se disfrutaba en plazas o en lugares construidos de manera especial para la actuación de las bandas. En las fotografías que se proyectaron la noche de la presentación del libro de Alonso, pudo verse una de esas construcciones que fue obra del arquitecto e ingeniero Francisco Salamone. El mismo que llegaría a ser el preferido del gobernador de Buenos Aires Manuel Fresco admirador del fascismo, pero esa es otra historia. La referida construcción de la foto, la glorieta para la banda, estaba situada en el cantero central del Bulevar España.
Todo cambió, o cambiará
En la publicación del sello universitario figuran instrumentos, repertorios y formaciones de la banda municipal junto a aclaraciones realizadas por el autor, muy pertinentes para quienes no somos entendidos del quehacer musical. Así podemos comprender las razones por las cuales algunos instrumentos aparecen nombrados de cierta manera o conocer el nombre de su inventor, etcétera. También están algunos contratos firmados por los músicos, los montos que ganaban y los reclamos que los integrantes de la banda a lo largo de su existencia hicieron ante las autoridades de la ciudad. Así pueden verse las épocas más exitosas de esa formación musical municipal y también aquellos tiempos en que, incluso, se la desarmó.
Cuando Alonso encaró la realización de este libro sabía bien de qué se ocupaba pues anteriormente formó parte de un equipo de investigación que indagó acerca del tema en la ciudad y, además, él mismo ha sido director de la Banda Municipal de Música en los últimos años de existencia de la misma -hasta 2001 que se desarmó-. Quizás eso le hizo escribir sobre el presente diciendo que “lamentablemente nuestra ciudad sufre el mismo problema que numerosas ciudades en la provincia, esto es la ausencia de políticas municipales, provinciales o nacionales que fomenten, controlen y regulen la actividad de los organismos orquestales y/o bandísticos. Así, al igual que en Villa María, en muchas ciudades vecinas se han cerrado bandas con años de trayectoria, sin más reclamo que el de una mínima y pasajera queja a nivel local, desconociendo el valor que estos conjuntos tienen en la sociedad y la cultura de nuestra región”. A la par de esto rescata experiencias internacionales de políticas relacionadas con bandas musicales en las ciudades.
A propósito de estas líneas de Alonso quizás sea bueno leer a un entusiasta seguidor de nuestra banda municipal que en 1932 publicó una queja en Tercero Abajo, luego que el alférez de navío Eliseo Vila, hombre de la dictadura de Uriburu, desarmara el cuerpo musical. La nota en el diario decía “los corsos no fueron amenizados por ninguna banda de música sino por victrola en alto-parlantes, una especie de música en lata, algo así como curanderismo dentro del profesionalismo musical” luego agregaba “¿no será obra buena y plausible la de ayudar a los músicos de Villa María?”.
En la noche del 17, músicos locales rescataron del silencio los sonidos de la antigua banda municipal. Encontraron las huellas del pasado para remontarnos a él, pero no para hacernos creer que todo lo que quedó atrás es mejor sino, quizás, para que viéramos que las cosas cambiaron, todas… o casi todas.