Más allá de las exigencias legales y de una zona gris en la verdadera aplicación y cumplimiento de sus preceptos jurídicos, hay una evidencia de que en el país y en muchas partes del mundo se juega con la salud de la gente en niveles de máxima impunidad.
Desde la contaminación del aire por la polución que producen las industrias con sus indisimuladas chimeneas hasta las más sofisticadas maneras de ocultar sus deshechos utilizando métodos de alta tecnología, cual manera de “esconder la basura debajo de la alfombra”, todo es posible imaginar.
Diferentes modos de contaminación
La contaminación por la acción de los escapes de vehículos que circulan sin cumplir las condiciones de rigor torna irrespirable el aire de ciudades enteras que exceden los niveles máximos admitidos en el mundo.
Hay empresas que esconden su accionar enviando sus deshechos a la red de cloacas que comprometen el tratamiento de los efluentes en las lagunas específicas haciendo estéril su proceso y agreden el ambiente con los líquidos que siguen igual que antes de su puesta en marcha -como el caso puntual de Villa María- después de 50 años de carecer del sistema.
Si a ello se le agrega la pasividad cómplice de los organismos encargados de controlar esas transgresiones, como también las inexplicables e interminables prórrogas para adecuar esa acción de industrias a las normas vigentes, nos encontramos con un combo de ingredientes que contribuyen a esa degradación que incide directamente en perjuicio de la población y de su medio ambiente.
La contaminación sonora
Un fenómeno no menor es la invasión sonora que arremete contra los oídos de la gente y la ataca a cualquier hora y en cualquier lugar. Si bien es un hecho que no ocurre por algo accidental o fortuito susceptible de ser asegurado con una póliza, no deja de ser un ingrediente que contamina y es nocivo para la salud de la población.
Se exceden los decibeles permitidos, se avasalla la tranquilidad y el descanso, incluso en días feriados, con los altoparlantes callejeros que a veces impiden hasta poder hablar con el de al lado o por teléfono, la música que sale de locales lindantes con casas de familia o barrios enteros, los escapes libres de las motos y autos, todo suma para la alteración de las personas.
Las soluciones
Bastaría con que los poderes establecidos se dispongan a cumplir con sus funciones indelegables y prioricen el bienestar común para que los responsables de aquellos perjuicios también asuman su rol. Entonces, lo que hoy es moneda corriente de transgresión, pase a ser sólo un hecho fortuito, accidental, factible de prevenir y de indemnizar más allá de la propia responsabilidad transfiriendo el riesgo a la cobertura de una póliza. Lo contrario suele terminar, generalmente, en la desaparición jurídica de los responsables dejando indefensa a toda una sociedad alcanzada por aquellos daños.
Así se cumpliría -tanto por parte de los que provoquen estos hechos cuanto de los órganos de control- una razonable acción de responsable convivencia.