Escribe: El Peregrino Impertinente
Qué lindo que es nuestro Ctalamochita. Uno lo ve y dice “qué lindo que sos” y el bañero que está al lado, pensando que el mensaje es para él, te revienta el parental derecho de un cascotazo.
Como sea, que el río es lindo. Y eso que la mayoría sólo le conoce una partecita, la que pasa entre Villa María y Villa Nueva. Cuando en realidad, el torrente nace allá, en las sierras. Desde las cercanías del cerro Champaquí, atraviesa los embalses Río Tercero y Piedras Moras, la ciudad de Río Tercero, Villa Ascasubi y Pampayasta Sur, metiendo curva y contra curva como un campeón. Al llegar, trae a nuestras tierras frescura, vida y todas las porquerías que va juntando en el camino.
Lo importante del caso es tener al Ctalamochita incluso como una alternativa de viaje. Danzar en sus aguas con rumbo sureste implica toda una aventura. Hacerlo con rumbo noroeste también, aunque los brazos te quedan como si hubieras jugado un torneo de pulseadas contra los integrantes del grupo de operaciones especiales de la KGB. Para los menos aguerridos, mejor darle para donde va la corriente, que de esto sabe. Alcanza una embarcación chiquita, como una canoa, un gomón o un flota-flota atado a una docena de tortugas parlantes.
Tras dejar el gran Villa María, el río empieza a zigzaguear de vuelta y se pone a conversar con Ballesteros Sur. Aburridísima la charla, sigue hasta encontrarse con Bell Ville. A partir de ahí continúa por el descampado y se desvía más hacia el sur. Casi llegando a los límites con la provincia de Santa Fe, antes de Inriville, quien aparece es el Carcarañá, que se come al noble río (también conocido como Tercero) cual si de una mojarrita se tratara.
Al finalizar la hermosa travesía, el viajero queda empotrado en el zenit de la felicidad. Luego, ya aterrizado en la dura realidad, se pregunta cómo carancho va a hacer para volver a casa.